Debo decir que todo apunta a que el Fuego y el Λόγος son distintos. Dejadme, sin embargo, que lo diga provisionalmente, pues lo que os ha llegado hasta vosotros de mí a través de los fragmentos no es todo lo que pienso… Diré ahora, sin afirmarlo rotundamente, que el Λόγος es superior al Fuego1. El Fuego es un perpetuo hacerse (cambio) mientras que el Λόγος es inmutable y se puede identificar, no sin ciertas dudas, con Zeus. «B32. Uno, το σοφὸν, único, quiere y no quiere ser dicho con el nombre de Zeus»2. Digamos, pues, que el Λόγος es el dios Zeus -pero con reservas. Ahora bien, el Λόγος debe entenderse, en caso de que se considere un dios, no como un dios trascendente, sino como un dios -una ley- inmanente.
Gracias al Λόγος -en cuanto Razón Universal- hay una armonía oculta y universal en la que se unifican las oposiciones -los contrarios. La realidad, en efecto, es un desarrollo de movimientos contrarios. Y la referida armonía, por cierto, los hombres no son capaces de apreciarla porque no pueden contemplar el ser en su totalidad. Cuando os digo «B54. Armonía inaparente más fuerte que la aparente»3, entiéndase con ello que la armonía inaparente no es apreciada por los hombres porque no son capaces de abarcar la totalidad del ser. Esta armonía inaparente es el Λόγος, un Λόγος que no es Fuego… ¡Y no puede serlo, pues afirmar lo contrario sería lo mismo que decir que Zeus y el rayo son una misma cosa!
1Fraile, 2015. (pág. 173).
2Marzoa, 2013 (pág. 45).
3Ibíd. (pág. 48).
