Tenemos en aquel mundo del pensamiento inicial griego1 a dos profetas de la verdad que de algún modo constituyen en gran medida el fundamento de la filosofía occidental. Estos profetas son Heráclito y Parménides. Escuchemos a Heidegger:
Según la cronología, han trascendido dos mil quinientos años desde el comienzo del pensar occidental. No obstante en el pensar de ambos pensadores [Παρμενίδης καὶ Ἡράκλειτος] nunca ha sido afectado por el paso de los años y los siglos.2
¿Pero por qué los llamo a Heráclito y Parménides profetas de la verdad? Me he permitido tomar esta expresión de Nietzsche cuando explica:
Mientras que en cada palabra de Heráclito se expresan el orgullo y la majestad de la verdad –de la verdad captada mediante la intuición, no de aquella que se alcanza con la escala de la cuerda de la lógica–; mientras que con sibilino embeleso Heráclito contempla, pero no…
Ver la entrada original 873 palabras más
