Y la filosofía divinizó el Ser

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Hannah Arendt

Cuando escuchamos a Heráclito decir «Este mundo, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que ha sido eternamente y es y será un fuego eternamente viviente, que se enciende según medidas y se apaga según medidas»1, tenemos que tener presente -para comprender más fácilmente al de Éfeso- que con los pensadores iniciales griegos -los comúnmente llamados presocráticos- los dioses dejaron de ser los primeros principios constituyentes del κόσμος. En efecto, vemos con Heráclito que los dioses no hicieron el mundo. De hecho, podemos observar en el referido fragmento que el mundo es para el de Éfeso algo eterno, a saber: fuego. Así pues, el mundo es «el juego del fuego consigo mismo»2, siendo tal fuego un fuego siempre viviente (πῦρ ἀείζωον).

Pero deslindarse por completo de los dioses parece algo digamos que imposible para un pensador inicial griego, por muy físico que sea. Heráclito explica el mundo desde el fuego, pero éste, por sí solo, no puede desplegar una lucha de oposiciones ni tampoco una armonía invisible que está ahí, detrás de todo lo que es. El fuego, en definitiva, está gobernado por una Razón, vale decir, el Λόγος. El de Éfeso, entonces, titubea, pues de algún modo parece llamar dios a este Λόγος: «Algo único, lo sabio quiere y no quiere recibir el nombre de Zeus»3. Eso único -lo sabio- es el Λόγος, que tal vez puede ser llamado Zeus. Sea como fuere, si el Λόγος se toma como un dios, éste no es un dios trascendente, sino, tal como nos explica Fraile, una ley necesaria inmanente al fuego4.

¿Pero es el Λόγος un ente (una cosa)? Claro que no, y así nos lo afirma Heidegger: «El Λόγος es ἓν πάντα εἶναι […] el ser en que todo ente es»5. Por tanto tenemos en el Λόγος el Ser, un Ser que podría tal vez ser llamado -por si acaso- Zeus. Con todo, resulta evidente que con Heráclito el Ser está a punto de despojarse de una divinidad -de Zeus-, pero el Ser, por sí mismo, sin el respaldo de ningún dios, «[…] devino la verdadera divinidad filosófica […]»6.

1B30.

2Nietzsche, 2004.

3B32.

4Fraile, 2015.

5Heidegger, 2012 (I).

6Arendt, 2004.

El filósofo se maravilla

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A juicio de Karl Popper, en la filosofía lo que importa no es el método, sino la sensibilidad para los problemas y la ardiente pasión por ellos, esto es, como decían los griegos: «el don del asombro». Asombrarse, maravillarse… ¿Pero de qué? «El filósofo se maravilla ante la «armonía invisible», que, según Heráclito, es «superior a la visible» […]»1. Esta armonía invisible constituye, por decirlo así, la unificación universal de contrarios, siendo tal unificación no otra cosa que una Φύσις que ama ocultarse: Φύσις κρύπτεσθαι φιλεῖ2 (“La naturaleza [la esencia] ama ocultarse.”3). Obsérvese la lucha de contrarios que se despliega en el seno de la Φύσις: Se enfrentan el surgir propio de la Φύσις y el κρύπτεσθαι que también es propio de la Φύσις y que podemos llamar -siguiendo los pasos de Heidegger- declinar.

¿Pero quién se puede maravillar ante la “armonía invisible”? Son pocos los hombres capaces de ser testigos de ella porque «[…] el Λόγος está siempre presente para el hombre, pero, igualmente, y la mayoría de veces, ausente»4, y es que, de hecho, «Heráclito sabe a su modo, pero de manera clara, de la extraña y tan frecuente ausencia del ser, siempre presente para el hombre»5. Son tan pocos los capaces de ver la “armonía invisible”, que «Heráclito se refiere constantemente a los “hombres” y “la multitud”, y no sólo desdeñosamente, como se ha interpretado, sino tratando de poner de manifiesto en qué consiste su ignorancia»6.Y Heráclito observa que él mismo es una excepción entre “la multitud”, esto es, él -como filósofo- ha tomado conciencia del orden armónico que hay detrás de todas las cosas -cosas cotidianas y familiares- «[…] como si estas se hubieran hecho transparentes»7. Entonces, en efecto, Heráclito se maravilla ante la “armonía invisible” mientras que “la multitud”, a causa de su ignorancia, «[…] no se fija en aquello con que se encuentra, ni lo nota cuando se le llama la atención sobre ello, aunque se imagine hacerlo»8.

1Arendt, 2002.

2B123.

3Heidegger, 2012 (I).

4Ibíd.

5Ibíd.

6Marzoa, 2013.

7Arendt, loc.cit.

8B17